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¿Cómo votan los estadounidenses?

VOA | 08/06/2012

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El proceso electoral finaliza el día 20 de enero, cuando el ganador toma posesión frente al Capitolio, en Washington, dando lugar a un día de celebraciones y paradas en la capital y en todo el país.

2012 elecciones

Más de 310 millones de habitantes, 230 millones de personas con  derecho a voto y entre 130 y 140 millones de personas que finalmente irán a votar, si la participación es parecida a la de 2008. Son las cifras de las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2012.

Estos números se organizan gracias a un sistema electoral formado por normas y tradiciones que se repiten cada cuatro años casi como un ritual. El sistema estadounidense es muy singular, altamente competitivo y abierto, y es el responsable, entre otras cosas de que las elecciones de este país sean las más mediatizadas y seguidas en el mundo.

El primer paso, es que los partidos, nominen a sus candidatos.  Esto se hace de forma indirecta, a través de unos compromisarios, que son los que elegirán al candidato. A los compromisarios se les escoge a través de elecciones primarias, y de caucus, una especie de elecciones comunales a mano alzada.

Ambos procesos, dependiendo de cada estado, pueden estar abiertos a todos los ciudadanos,  cerrados para aquellos votantes no registrados, o incluso únicamente abierto para los que hayan declarado su  afiliación por el partido en cuestión.

En general, si el presidente lleva solo un mandato en la Casa Blanca, su partido lo elegirá con poca o ninguna contestación. Así como ha ocurrido en la nominación de 2012, casi toda la atención se centra en el partido de la oposición.

En este primer paso de la elección, hay varios puntos álgidos como los primeros caucus, en Iowa, las primeras primarias, en New Hampshire, el  “Super Martes”, el día en el que el mayor número de estados celebra primarias y las convenciones nacionales de cada partido.

En las convenciones nacionales, los compromisarios eligen los candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia y ambos salen a hacer un gran discurso. Ese discurso, y la convención en general, se han convertido en un símbolo de la espectacularización de la política estadounidense. Este año, los republicanos se reunirán en Florida los tres últimos días de agosto y, los Demócratas, la semana siguiente en Carolina del Norte, como marca la tradición, el partido de la oposición va primero.

A partir de aquí comienza oficialmente la campaña de las presidenciales. En algunos estados, suele  inundar casi todos los aspectos de la vida de sus habitantes, mientras que en otros la inversión de los partidos es mínima y este período pasa sin pena ni gloria.

Esta situación se debe al sistema por el que cada uno de los estados elige a sus delegados o compromisarios electorales, conocido como “el que gana se lo lleva todo” (excepto en Maine y Nebraska). Los delegados son elegidos en cada estado mediante el voto popular y son ellos los que el lunes siguiente al primer martes de noviembre, emiten el conocido como voto electoral, que es el que decide quién es el presidente de Estados Unidos.

Por paradójico que parezca, en la mayor de las ocasiones, los estadounidenses no ven el nombre del candidato en la papeleta, sino que votan al compromisario, sabiendo de antemano que éste apoyará a un determinado candidato.

A cada estado le corresponden tantos compromisarios como representantes tiene en el congreso nacional, según sus habitantes. Además, el Distrito de Columbia, pese a no tener congresistas, tiene tres delegados electorales. En cada estado el partido que gana, aunque sea por un solo voto, consigue todos los delegados. Así, hay estados de los que se conoce de antemano su inclinación política, y los candidatos se centran en conseguir el voto en los conocidos como estados de batalla o estados clave.

Este sistema, además, da lugar en ocasiones a diferencias notorias entre el voto popular, el de la gente, y el electoral, aunque normalmente el ganador de las elecciones suele ser también quien ganó el voto popular. El caso contrario es una situación totalmente excepcional, que solo ha ocurrido una vez desde 1888. Fue en las elecciones del año 2000 en las que Al Gore perdió las elecciones pese a haber recibido 550.000 votos populares más que George W. Bush.

En resumen, se trata de un proceso largo, dinámico, abierto y seguido apasionadamente por millones de personas. Pero al final, lo que importa es el recuento que el presidente del Senado hace El 6 de enero en el Capitolio.

El que haya conseguido la mayoría absoluta de los 538 compromisarios, o sea, 270 o más, será el próximo presidente de Estados Unidos. El proceso se da por concluido el 20 de enero, cuando el ganador toma posesión frente al Capitolio, en Washington, dando lugar a un día de celebraciones y paradas en la capital y en todo el país.

 

Otros cargos que se eligen en enero de 2012

Al igual que en muchos otros países, en Estados Unidos se aprovechan las elecciones presidenciales o generales para someter a votación otros cargos, tanto a nivel nacional como estatal y local.

Así, se ahorra a los ciudadanos el esfuerzo de tener que acudir varias veces a votar y se simplifican los esfuerzos y costos que van vinculados a la celebración de cualquier proceso electoral.

En las elecciones del 6 de noviembre de 2012, a parte de la elección presidencial,  habrá otras elecciones, quizás las más importantes sean las legislativas, en las que se elegirá a una parte de los miembros del 113 Congreso.

Los 535 miembros de la Cámara de Representantes fueron elegidos por un término de dos años en las legislativas de 2010, y por lo tanto todos tendrán que volver a someterse a las urnas. El cargo de senador, en cambio se ejerce en períodos de 5 años, por lo tanto serán solo un tercio de los asientos, los 33 que pertenecen a la clase I, los que serán reelegidos en noviembre.

Actualmente el Partido Demócrata  cuenta con la mayoría en el Senado, con 51 miembros frente a los 47 republicanos además de 2 independientes. En cambio, en la Cámara de Representantes, los republicanos gozan de una amplia mayoría de 242 miembros frente a los 193 d ellos demócratas desde las legislativas de 2010.

Además, 11 de los cincuenta estados y los territorios de Puerto Rico y la Samoa Americana, elegirán nuevo gobernador y 86 de las 99 legislaturas estatales renovarán parte de sus asientos.

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