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Encaminados hacia un desplomo electoral

Gianpaolo Pietri | 04/04/2012

Gianpaolo Pietri es un arquitecto, autor, diseñador, productor, y empresario. Ha escrito y publicado varios e-books y es el co-fundador y Director Creativo de Yastá.pr, donde tambien es columnista y analista político. Seguir a @gianpaolopietri en Twitter.

Los eventos ocurridos trás las primarias de hace unas semanas dan vergüenza. Punto y se acabo. Si indica solo una fracción de lo que nos  espera en las próximas elecciones generales, me parece que nuestro sistema electoral democrático en su nivel más fundamental se encuentra en un estado crítico de vida, encaminado hacia una posible extinción absoluta.

Desastre electoral

Yo estoy bastante más acostumbrado al sistema electoral estadounidense, habiendo vivido la mejor parte de una decada en varios estados mientrás transaba mis estudios universitarios y comenzaba mi carrera como arquitecto. Acostumbrado al teatro político que ocasionan los americanos, me sorprende ver la falta de comparecencia en el cual ejercemos nuestro derecho a votar y en el cual nuestros funcionarios se comportan al escuchar la voluntad del pueblo,  y/o partido político que pretenden representar.

El desastre que confrontamos en noviembre, si ni en nuestras proprias primarias partidistas podemos proceder con calma, honestidad y transparencia, debería asustarnos a todos.

Aunque verás a candidatos republicanos en Estados Unidos batallando en el campo de campaña, rara es la vez que demuestran la falta de respeto que se demuestran los políticos puertorriqueños hasta dentro de sus propios partidos. El proceso primarista americano se contienda ferozmente, pero no se desprecia el sistema democrático en el cual se determinan los candidatos.

Siendo el proceso primarista allá uno mucho más prolongado, desarollándose por un tiempo de varios meses, es rara la vez que se observa a los perdedores reclamando injusticia sobre los resultados de votación. Se debe notar aquí que muchos de los estados ya han implementado papeletas electronicas para simplificar el proceso de votar. Los americanos se criticarán los unos a los otros, pero son pocos con la vergüenza de criticar al sistema como tal y menos al compromiso de uno o otro con a la transparencia del proceso electoral.

Me sorprende ver que aquí exista historicamente tanto desprecio por las leyes electorales diseñadas para proteger la voluntad del elector. En una contienda general, entre partidos diametricamente opuestos, se podrá entender algún nivel de contundencia. Ya nos hemos acostumbrados a que nuestros políticos no sepan perder y aceptar la derrota en las manos del pueblo. Quizás es porque no lo ven así, como una derrota popular. Lo vencomo una derrota personal y eso tiene que cambiar.

Ver tanto menos precio durante un proceso primarista, entre candidatos de un mismo partido, o entre partidos cuales procesos primaristas no tienen el uno nada que ver con el otro, debería darnos pausa. O por lo menos a aquellos que perpetuan la desgracia, la mentira, la falsificación, y el menosprecio a el protocolo democratico transparente que nos define como país en el mosaico global de naciones.

EL PNP acusa al PPD de inflar sus números de participantes. El PPD acusa al PNP de influenciar votos y doctorar resultados en las actas sometidas. Todo en el nombre de diminuir el proceso y acudir puntos con sus propios electorados. Cada uno quiere proyectar ser mejor que el otro y en el proceso todos sacrifican prestigio. Cada uno busca cargar la antorcha de máxima participación y en el proceso ambos causan un mayor desinteres del electorado.

A mí no me importa si votaron más PNPs que Populares. No me interesa sí un alcalde derrotado se disminuye el mismo con acusaciones falsas de fraude por parte de su compañero de partido. Lo que sí me interesa, y encuentro sagrado, es la integridad del proceso con relación a los ciudadanos que deciden participar, los cuales parecen ser menos con cada ciclo electoral.

Este ciclo vicioso del ‘quien dijo que’ y ‘quien se robo que voto’ se perpetua con una cultura mediatica monopolística que se preocupa más por ventas que por verdad.

Basta de la tragicomedia griega. Brutus y Cassius también eran honorables ante su traición a Julio Cesar. Al fin derrotados por su vanidad política. Basta yá del teatro barato. Ya es suficiente de la polítiquería perpetuada por medios deficientes buscando venderle páginas a sus lectores via el sensacionalismo parcial.

Exigemos más de nuestra clase política y de nuestros medios de comunicación. La vida prolongada y sana de nuestra democracia, que en estos momentos se encuentra muy delicada, como un paciente entubado en la sala de intensivo, depende de ese hilo.

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