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Menos que

Joaquin R. Kierce | 05/02/2012

En esta columna Joaquín comparte herramientas para encontrar la intersección entre productividad y propósito de vida. Puedes interactuar con él en twitter @jrkierce y leer su libro para ayudar a los recién graduados en su incorporación al mundo laboral aquí: http://bit.ly/notepagan

Todos tenemos una idea de nosotros mismos en todos los aspectos de nuestra vida: trabajo, capacidad creativa, relaciones afectivas, memoria, etc. Típicamente esa idea es el resultado de compararnos con lo que conocemos. Supongo que será algo natural, pero ese ejercicio es peligroso si uno no es consciente de cuántas veces nos evaluamos como “menos que”.

Menos que X mis compañeros de clase, menos X que lo que se debe estar ganando a esta edad, menos X que lo que yo quisiera tener en el trabajo, menos X que mi vecino, menos X que la expectative de mis padres,…

La X puede llamarse: dinero, tamaño de la oficina, inteligencia, salario, precio del auto, creatividad, tamaño de busto,…

El resultado de repetirnos que somos “menos que” trae consigo toda suerte de emociones y creencias limitantes (y tóxicas):

  • Nos ponemos un peso extra encima, porque pensamos que es necesario para pasar del “menos que” a “igual”
  • Aumenta el miedo al fracaso, porque como pasemos del “menos que” al “mucho menos que” ya verás…
  • Proyectamos el fracaso pasado hacia el futuro y anticipamos que el “mucho menos que” es más posible de lo deseable
  • Hablamos todo el tiempo en términos de lo que “tenemos” que hacer, en vez de lo que queremos para nuestra vida
  • Aumenta el miedo a tomar decisiones por nosotros mismos y tomar responsabilidad por las consecuencias. Después de todo, quién quiere asumir las consecuencias de enderezar un barco que ya es “menos que”, ¿no?

Podríamos hasta echar la culpa del síndrome del “menos que” a tanto Marketing y bombardeo de cosas que “hay que tener para ser igual o más a”, pero no nos pongamos en plan victima.

Esta columna busca la intersección entre productividad y propósito, y llegar a ella es imposible sintiéndonos “menos que”. Afortunadamente hay una puerta de salida a esta espiral descendente. Como decía un profesor mío de Dibujo Técnico allá por el año 94: “las respuestas que no has encontrado aún, son las preguntas que aún no te has hecho”.

Así que todo comienza con una simple pregunta. Si tienes algún área de tu vida en la que te creas “menos que”o conoces a alguien que pueda necesitar ayuda, considera hacerle (hacerte) una pregunta. Es muy difícil de hacerla y más difícil contestarla. Sobre todo si es a nosotros mismos.

¿Por qué pienso que soy un obstáculo para la felicidad de otras personas?

Esa pregunta le habla a muchas creencias y sentimientos escondidos de impotencia, de limitación, de no poder, de creernos en definitiva “menos que”.

Al final, cuando quitamos todo el frosting innecesario, cada uno es libre. Libre para pensar, decidir, sentir como quiera y como vea que es mejor para su vida, sin necesidad de la aprobación implícita o explícita de nadie más. El problema es que al creer que la felicidad de otros depende de que nosotros les hagamos felices con las decisiones de nuestras vidas se opaca el brillo de propia brújula interior.

La pregunta puede llevarnos a darnos cuenta de algo: yo no soy obstáculo para la felicidad de nadie.

Eso nos ayuda a no caer en chantajes emocionales ni trampas que no hacen sino acentuar el “menos que” y a crear una espiral ascendente en la que tomemos las decisiones según nuestras expectativas para nosotros mismos, no para los que quieren vivir de manera vicaria.

Yo no soy obstáculo para la felicidad de nadie. Repitámoslo, hasta que nos lo creamos.

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