Los recientes eventos en el Oriente Medio nos han presentado sociedades hambrientas de cambio y estructuras socioeconómicas incapaces de realizarlos. Surgen revoluciones.
Las revoluciones son producto del fracaso de un sistema anterior cuando ya no satisface las necesidades fundamentales de un pueblo. Las revoluciones envuelven cambios drásticos. Vivimos no solo una época de cambio, sino un cambio de época. Nuestra Isla no vive en un vacío y no está inmune a estas tendencias. Puerto Rico busca y necesita una revolución, pero una de índole positiva.
Sobran las razones para el cambio y la revolución. A nivel global, el centro de gravedad económico está pasando de Estados Unidos y la Unión Europea a los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). En el plano local, los partidos políticos están atrapados en su propia retórica vacía y oportunista.
Por otro lado, economistas, entrenados en la escuela neoclásica buscan un balance entre oferta y demanda que ya no existe.
Estamos acostumbrados a una mentalidad deficitaria. El sistema educativo, científico, empresarial y cultural occidental nos enseña a percibir eventos pasados como “problemas” que debemos “resolver”. Pero, al tratar de resolver un problema, se generan más problemas. Esto nos precipita en un círculo vicioso y negativo, lo que destruye nuestro entusiasmo y nos desmoraliza.
En realidad, el pasado se conforma de eventos que podemos ver en forma positiva, para ser usados como experiencias educativas, y al entenderlas así, nos generan la energía necesaria para construir un futuro mejor.
Debemos ver la historia reciente de la Isla de una manera diferente. Debemos enfocarnos en las fortalezas y capacidades de la Isla y no en sus debilidades. Los logros pasados pueden ser utilizados para visualizar un futuro deseado. Podemos provocar y desarrollar, a través de consenso, metas a corto y largo plazo dirigidas a alcanzarán dicho futuro.
De esta manera se pueden capitalizar sobre factores competitivos notables de Puerto Rico, tales como su clima, posición geográfica y capacidad de innovación industrial. Los aspectos negativos no son ignorados, se les analiza desde una perspectiva diferente: lecciones aprendidas.
La empresa privada y el sector sin fines de lucro podrían servir como habilitadores de los cambios necesarios para alcanzar la nueva visión de país. Las estrategias para mejorar los niveles de prosperidad se deben centran en expandir la clase media y activar los sectores productivos de la Isla.
La implantación de cambios radicales no envuelve un problema organizacional sino uno de inspiración. Repensar la dirección futura de Puerto Rico envuelve el apelar a las emociones básicas del ser humano: logros, ideales, reconocimiento y autoestima.
Aunque siempre se puede aprender de modelos externos, es importante recalcar que Puerto Rico cuenta localmente con el peritaje y experiencia para desarrollar alternativas a sus problemas. Debemos ser responsables por nuestro futuro y dejar de copiar ciegamente formulas y soluciones externas a nuestra realidad particular.
Después de casi seis años de recesión (o depresión) económica en Puerto Rico, ¿qué estrategias a corto y mediano plazo pueden ser implantadas para reactivar la economía y traer prosperidad y una mejor calidad de vida? Las soluciones pueden ser de naturaleza paradójica: conceptos sencillos pero difíciles de ejecutar. Estas incluyen el aumento del ahorro familiar, el incremento de la tasa de participación laboral y una visión compartida a largo plazo para la Isla, entre otras. Esto será examinado en mayor detalle en un próximo artículo.
Todo esto puedo sonar utópico. Pero, la alternativa simplemente es inaceptable. Seguimos aceptando la mediocridad o podemos dar un salto de fe. La crisis social y económica es el germen del cambio.




Enviar corrección
Dejar comentario
Someter primicia
Enviar vínculo
Contáctenos






